Desde la neuro educación se basan en el principio de que las emociones y la cognición son procesos que van unidos y que se interrelacionan entre sí para dar como resultado la conducta del sujeto. En investigaciones recientes, se ha mencionado que, en el proceso de aprendizaje de los niños, lo que abre la puerta a aprender es la emoción, esto despierta en ellos, la curiosidad, el interés y por tanto su foco de la atención.


Los niños y adolescentes aprenden más y mejor de aquellas experiencias que les han resultado interesantes, que de alguna manera los llevan a recordar momentos gratos, donde se han sentido identificados, qué les ha suscitado una emoción positiva o negativa, es decir, sus aprendizajes significativos se obtienen de lo vivido en su propia experiencia.


La propuesta es que la cognición y la emoción constituyen un todo dialéctico, de manera tal que la intervención de uno irremediablemente influye en el otro y en el todo del que forma parte. Es por esto, que muchas veces en el proceso de aprendizaje, se depende más de las emociones que de la propia razón con que se trabaja los objetivos del aprendizaje y se actúa sobre los mismos. Dentro del aula es muy importante asegurar un aprendizaje desde las emociones y así prácticamente tenemos asegurado un aprendizaje interiorizado en los niños.